Nacionales E.Herria :: 23/09/2013
Autodeterminación amable

Generalmente se suele decir que cada pueblo tiene que buscar sus propios caminos de cara a la liberación nacional. Si bien eso es cierto, solo existen dos terrenos de juego. El primero, donde no existe oposición por parte del estado para que la nación que desee emanciparse lo haga, por ejemplo a través de un referéndum. Y el segundo, donde el estado se opone a que esa nación pueda emanciparse.
El primero de los casos ha sido anecdótico atendiendo a la experiencia histórica. El segundo caso es el más común.
No hace falta hacer un master para saber cuál es el terreno de juego que nos ha tocado. Tanto el estado español como el francés se oponen a procesos de soberanía de lo que ellos consideran su propiedad, y a los que niegan rango de nación y de derecho de autodeterminación. En su propia ley lo expresan contundentemente, no dejando resquicio alguno para que la voluntad nacional de otra cosa que no sea su estado pueda expresarse.
Atendiendo otra vez a la experiencia histórica ampliamente contrastada, en ningún estado que se oponga a que naciones en su seno puedan emanciparse, éstas lo han hecho si no es forzando una ruptura. En la inmensa mayoría de los casos a través de la vía armada debido a la ley histórica que hace que nadie suelte sus privilegios si no se ve forzado a ello.
Cualquiera que niegue esta realidad objetiva, tendrá que explicar con qué objetivos está mintiendo.
En el caso de que un pueblo descarte la vía armada, que sea inviable, o que simplemente no se esté dispuesto a llevarla a cabo por mil razones o sinrazones que pueda haber, ese pueblo jamás saldrá de la imposición nacional a la que es sometido a no ser que genere con otros medios un nivel de energía similar al que una insurrección armada pueda producir y que haga generar esa ruptura.
Si una nación que aspira a su soberanía y ante ello encuentra la oposición del estado o estados que la someten y no encuentra una vía de ruptura está sentenciado. Si espera a que los estados cambien de opinión, está sentenciado. Si cree que no enfrentándose a los estados desaparecerán las imposiciones por generación espontánea, está sentenciado. Si cree que organismos internacionales del capital les sacará las tostadas, puede esperar sentado.
En Euskal Herria todo el mundo es consciente en que terreno de juego estamos jugando. También es consciente de qué es lo necesario para llegar a la emancipación nacional.
No existe ninguna vía pragmática hacia la liberación nacional. Es engañar al pueblo o no querer la emancipación nacional el afirmar lo contrario.
Afirmar que no existen condiciones para dar el salto hacia un proceso de emancipación, cuando es el propio proceso el que generá esas condiciones, es sencillamente no querer enfrentarse a la realidad de la imposición y lo requerido para superarla.
Cada pueblo tiene que buscar sus propios caminos pero el destino es el mismo para todos los pueblos que se enfrentan a estados que oprimen nacionalmente. Romper el muro de la imposición.
Catalunya por primera vez se dirige enfilada a chocar contra ese muro. Será en ese momento de choque cuando se clarifique realmente el proceso catalán. Euskal Herria ha chocado varias veces contra ese muro. Lo ha dejado tambaleante y erosionado pero ahí se mantiene aún.
No hay muchas opciones. Todo se reduce a aplicar la voluntad nacional mediante un proceso de autodeterminación que no va a contar con el visto bueno de ningún estado opresor, ya que el opresor nunca va a cambiar su naturaleza opresiva por voluntad propia.
O se acepta cuál es el terreno de juego con el que contamos, lo necesario para superarlo y la hoja de ruta concreta para llevar a término un proceso de autodeterminación además de defenderlo con uñás y dientes o vagaremos por los siglos de los siglos esperando las condiciones, siendo víctimas de tahures autonomistas, jugando con sus leyes y chantajeados para no ejercer la democracia en este país. Si es que sobrevivimos como pueblo. Que esa es otra.
No existe autodeterminación amable en el espacio-tiempo que nos ha tocado vivir. En el contexto de los estados español y francés.
O se acepta cuál es el terreno de juego con el que contamos, lo necesario para superarlo y la hoja de ruta concreta para llevar a término un proceso de autodeterminación además de defenderlo con uñás y dientes o vagaremos por los siglos de los siglos esperando las condiciones, siendo víctimas de tahures autonomistas, jugando con sus leyes y chantajeados para no ejercer la democracia en este país. Si es que sobrevivimos como pueblo. Que esa es otra.
No existe autodeterminación amable en el espacio-tiempo que nos ha tocado vivir. En el contexto de los estados español y francés.






