Darse la oportunidad

Me molestan ciertas encuestas. Sin embargo, hay otras que directamente me revientan. Las que se llevan el primer premio son las del euskobarometro. Nacionalistas españoles recalcitrantes preguntando a la sociedad vasca si quiere la independencia mientras apoyan sin fisuras que su estado niegue mediante la ley, la amenaza y la violencia que esa misma pregunta se haga. Que no exista ninguna vía democrática en la legalidad que tanto defienden para acceder a ella. Algo así como si un carcelero preguntase a un prisionero dónde le gustaría estar, mientras las llaves de la celda están a buen recaudo.
Pura guerra psicológica donde la fiabilidad es ficción y lejos de testear la realidad lo que se busca es modificarla asentando supuestos estados de opinión.
En cualquier caso, esa es su labor. Seguir enredando la madeja.
La labor de los y las independentistas, y en general de cualquier persona con un mínimo sentido democrático es que el pueblo vasco decida y ejerza la autodeterminación. La cuestión es que ellos ya cuentan con sus estados y con una realidad objetiva que impide que esa libertad se ejerza. Por lo tanto, siempre se quedará corta toda confrontación ideológica en ese sentido, toda movilización y toda construcción nacional pese a que sean necesarias. Siempre estarán limitadas al llegar al tope que marca la legalidad impuesta imposibilitando salir del cerco.
Cómo romper ese cerco es la única pregunta válida que nos podemos hacer si verdaderamente queremos ejercer la autodeterminación. Todas las demás serán complementarias y subsidiarias de esa pregunta central. Responder a esa pregunta es realmente la clave de la estrategia independentista. Sin responderla no existirá una estrategia definida y concisa.
Los que durante tantos años se han esforzado en que cese el enfrentamiento armado de una parte en conflicto son los que deberían tener alguna propuesta clara en ese sentido pero no tienen ninguna. La desmotivación, la pasividad, la resignación es el futuro esperado de seguir esta tendencia y ya en el presente se pueden detectar algunos de esos rasgos de no existir un cambio. Ni el activismo, ni inyecciones de moral casuales, ni éxitos electorales podrán evitarlo. En todo caso podrán desviar el sentido de todo de no tener una respuesta clara a la pregunta mencionada.
Alguien tendrá que encontrar respuesta a esa pregunta. Y probablemente tendrá que ser una decisión colectiva fruto del debate abierto por encima de partidismos y no cocinada a espaldas de la sociedad ni en despachos.
Quizás una opción puede ser la conformación de una autoridad nacional vasca que abarque al mayoritario abanico político, sindical y social poniendo especial énfasis en la sociedad. Y que, por encima de ataduras de todo tipo tenga el objetivo de que este país ejerza la autodeterminación, pero no como mera retórica reivindicativa o a nivel propagandístico sino creando realmente una hoja de ruta consensuada desde abajo hasta la consecución del objetivo y su ejercicio directo.
Ese proceso es el que dará sentido a toda movilización, a toda confrontación, acumulará fuerzas para ejercerlas y mostrará un objetivo concreto hacia donde moverse, evidenciando en el camino donde están los topes y abriendo el debate para sortearlos. Un proceso que además nos coloque en posición ofensiva y pueda arrancar de las garras de los estados a los prisioneros políticos, hacer valer la fuerza de la clase trabajadora y sus intereses una vez minimizada la política de salón etc …
La sociedad vasca necesita encenderse de alguna manera y recuperar la ilusión. Las condiciones óptimas no hay que esperarlas sino que surgirán en el camino. Una apuesta grande y arriesgada para vencer ya que perder lo hemos hecho ya de todas las formas posibles. ¿Nos daremos esa oportunidad?.







