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28/02/2015 :: Nacionales E.Herria, Pensamiento

Sí a la toma del palacio de invierno (tercera parte)

x La Haine - Madrid
No acaba de abrirse paso la alternativa en muchos de los considerados gobiernos progresistas y la historia vendrá con su péndulo

Continuación de Sí a la toma del palacio de invierno (segunda parte)

Como dijo un representante de Syriza en un reciente viaje a Euskal Herria: «han hecho que hoy en día la dignidad sea un ejercicio revolucionario». Defender los derechos sociales y la democracia se ha convertido en algo revolucionario, en una Revolución Democrática.

Y como está viendo Syriza ahora mismo su programa está neutralizado por la fuerza ciega del capital y la UE y su capacidad de extorsión. Imposibilitándole recuperar derechos y forzándole a seguir los cauces dictados por el poder dominante. Todo ello por no tener una vía rupturista con esos poderes y haber puesto la confianza en reformas no rupturistas y haber virado al centro mediante una perspectiva electoralista. No se pueden revolucionar democráticamente estructuras del capital que en su esencia son anti-democráticas. No existe capitalismo democrático. Syriza ahora mismo es el vivo ejemplo de las limitaciones del neo-reformismo y del callejón sin salida al que está abocado de no producirse un golpe de timón. De no producirse una alianza entre toda la izquierda griega, apoyada en la confrontación popular y de no dotarse de objetivos estratégicos rupturistas, en Grecia vamos a ver algo que hemos visto en Europa en demasiadas ocasiones. Lo estamos viendo ya. No existe democracia en Grecia, es un país secuestrado, la defensa de la democracia burguesa griega es más de lo mismo. Para empezar a hablar de democracia en Grecia se tendría que romper con las estructuras que la someten, desde la OTAN, pasando por la Troika y la UE y llegando hasta la oligarquía griega.

La derecha europea y el capital lo sabe mejor que nadie. Por eso están ahora exultantes y con los ojos brillantes tras las cesiones continuadas del gobierno griego. Desde su cinismo e hipocresía se creen victoriosos intentando hacer ver a la población que las reivindicaciones de Syriza o cualquier izquierda europea que proponga algunos cambios son una locura e inviables. Desgraciadamente no darles la razón sería infantil. Tienen razón. Son inviables esos cambios dentro de las estructuras y el sistema dominante y simplemente basta la voluntad desalmada del poder bancario para poner las cosas en el lugar que requieren. Sin ruptura no va a haber cambios. La socialdemocracia pertenece a un pasado que no puede volver y es incapaz de generar ninguna revolución. Ni siquiera democrática. No aceptar esta realidad hace que la ilusión por el cambio se convierta en ilusionismo. Sinceramente me gustaría saber de dónde se saca la confianza en que el capital es reformable porque no hay un solo ejemplo en la historia de la humanidad que indique algo parecido. Grecia en la zona euro, bajo el manto de la OTAN, las directrices de la troika y aceptando una deuda miserable creada por el propio capital seguirá siendo exclava. ¿Qué revolución democrática es posible cuando no hay intención, como se ha demostrado por ahora, de romper con esos esquemas?

El carácter revolucionario de un proyecto no se define por la radicalidad del programa político que es capaz de redactar sino por la profundidad de los cambios que es capaz de generar.

No existe diferencia entre programa político y acción práctica. Los cambios son resultado de una praxis sujeta a un programa. De una táctica sujeta a una estrategia con objetivos. Teoría y práctica van de la mano. El carácter revolucionario de un proyecto sí se define por la radicalidad del programa político ya que esa es la brújula de la praxis revolucionaria que genera cambios.

Eliminar esa brújula es la base fundamental del reformismo. Es precisamente eliminar la radicalidad del programa y nublarlo para de esta manera cambiarlo por el pragmatismo sin dirección estratégica. “Los fines, los objetivos, no son nada. El movimiento es todo”. Es la frase de cabecera de padre del reformismo. Según él, que para qué teorizar, descubrir, debatir, expresar dudas o realizar una crítica, para qué sometarla a la práctica y de esta otra vez a la teoría y vuelta a empezar , eso no es nada, según el tal Eduard Bernstein, lo verdaderamente importante era moverse, la práctica, la práctica, hay que ser pragmático, lo que quería decir es que a fin de cuentas hay que ser oportunista, como todo buen político, aprovechar aquí o allá o mas allá, conseguir cosas -lo que sea-, aunque puede que no signifiquen gran cosa al final pero eso da igual. ¿y del socialismo, pa’cuando?. “El mundo fue y sera una porquería ya lo se, en el quinientos seis y en el dos mil también “, cantaba el tango, entonces para que nos vamos a preocupar por cosas tan distantes, de inciertos futuribles, el socialismo a verlas venir, centrémonos en el pan de hoy, seamos prácticos, pues bien todo eso es el tema discursivo de aquel Eduardo. Quedaba muy clara la cosa, el orden reinaba en Berlín, en París o donde fuera, el capitalismo dormía tranquilo los socialdemócratas estaban en nómina, eran fables, diligentes, democráticos y muy prácticos.

Algunos sectores de la izquierda sienten un cierto pudor a la hora de defender la acción institucional/electoral con el entusiasmo con que se implican en otras luchas. Es un complejo a superar, como está superado en América, donde la izquierda sí ha logrado reinventarse para constituir de forma exitosa alternativas de poder y en donde los militantes más politizados son los primeros en implicarse sin reservas en cada contienda electoral, concebida como una batalla más del proceso de cambio continental.

No existe ningún pudor a la hora de defender la acción institucional/electoral en la izquierda revolucionaria desde los tiempos de los bolcheviques, que la pusieron en práctica cuando fue necesario. De haberlo lo ha sido exclusivamente en el anarquismo clásico y en la autonomía obrera y con matices. En la izquierda abertzale no ha habido ningún problema o pudor en ese sentido, pues para ello fue creada Herri Batasuna hace décadas. Y durante todo este tiempo hasta hoy son inexistentes posturas que rechacen la lucha institucional dialéctica como parte del proceso de liberación nacional y social. Por lo tanto no existiendo ese problema y complejo no se pueden buscar soluciones ahí.

De hecho, si no se defiende la lucha institucional actual con entusiasmo habrá que buscar las causas en otra parte. Quizás pueda ser porque esa lucha institucional no se haya desarrollando en buenas condiciones.

Algunas pistas pueden ser que Sortu esté lejos de ser una unidad popular, que en vez de ser un punto de encuentro de los independentistas y socialistas de este país que diseñan estrategias, las compartan o no compartan en diferentes grados, hayan tenido demasiado peso posturas que intentan pasar el rodillo no dejando espacio a diferencias enquistándose un dogmatismo malsano en torno a una mera estrategia oficial que se convierte en tótem y arma arrojadiza. Que en vez de un Sortu heterogéneo, se haya buscado un Sortu homogéneo. Cuando la izquierda abertzale no lo es. Conviven sectores posibilistas y socialdemócratas, con socialistas revolucionarios, marxistas e incluso libertarios. Que el discurso único y el personalismo ha tomado una preponderancia nunca vista. Que Sortu ha intentado abarcar más de lo que es. Casi en la línea de hacer que el MLNV sea sinónimo de Sortu. Siendo el MLNV un movimiento político de liberación nacional y social con trabajo en diversos ámbitos, con diversas organizaciones. Romper la flexibidad organizativa y seguir un modelo clásico de partido centrista aunque se tengan buenas intenciones está abocado a ser parásito de las dinámicas populares y centrado en un ombliguismo institucional y electoral pudiendo hacer que sea el camino directo más rapido hacia la integración en el sistema. Una cosa es lucha institucional y electoral y otra es institucionalismo autocentrado y electoralismo.

Si a estos posibles factores le unimos que el soberanismo de izquierda se ha construido no como una alianza social desde abajo sino en base a discusiones de despacho entre diferentes partidos que a su vez han sido los que sin una base social detrás han ido tomando decisiones, el desapego y la falta de entusiasmo puede aparecer no teniendo ninguna relación con complejos ni supuestos debates morales sobre las instituciones pese a que los peligros siempre estén presentes. El problema es que se hayan podido ya traspasar en algunos aspectos las líneas de peligro y cómo se puede revertir esa situación.

Lo de América latina es demasiado complicado como para hablar de un proceso único, pues existen muchísimas diferencias de país a país en como se han ido desarrollando las cosas. En algunos casos ha habido involuciones increíbles de manos del reformismo que ahora combate al movimiento popular duramente por muchas medallas en el pasado que tengan algunos, en otros casos el progresismo está cumpliendo una estrategia netamente neoliberal, en otros se ha abrazado el capitalismo en un proceso similar a lo realizado por el PSOE y PCE en su día. Etc.. y ahí donde las alternativas se abren paso, si quitamos a Cuba, habría que nombrar en primer lugar a Venezuela y  como comentaba un lector, el proceso bolivariano es de transición hacia el socialismo, y ahora mismo está contra las cuerdas ya que las reformas no pueden por sí solas hacer el cambio necesario para avanzar al ser aún una economía capitalista. En esa encrucijada están y pueden perder si no avanzan decididamente hacia el socialismo y la burguesía venezolana pierde sus privilegios. Si no ocurre eso, el proceso bolivariano desaparecerá con violencia o en las urnas y algún empujón exterior.

Creo que en Euskal Herria existe cierto mito sobre algunos de los “gobiernos progresistas” de latinoamérica que en realidad en muchos de los casos no se corresponde con la realidad. No es que algunas izquierdas se hayan reinventado sino que simple y llanamente han dejado de serlo y se han escorado al neoliberalismo, un proceso que en Europa ya lo vivimos. Llegando en algunos casos hasta la derecha. Y creo que muchos se han tragado que el capitalismo puede funcionar con supuestos políticos honrados pese a que no se tengan en cuenta a todos los factores que indicen en cada situación.

Precisamente en los lugares donde se ha mantenido la llama revolucionaria sea Chiapas, Cuba, Venezuela o algún gobierno progresista de los poquísimos que no le temen demasiado al movimiento popular es donde han habido avances. En la mayoría de supuestos gobiernos progresistas no se ha abierto paso aún ninguna alternativa ni intento de alternativa, se ha dilapidado el movimiento popular y lo que se ha asentado es la socialdemocracia o cosas peores mientras el país es repartido por las oligarquías locales y los antiguos guerrilleros están marginados salvo a alguno que colocan para aparentar como aquí hizo la socialdemocracia con los Onaindias.

Como comentaba Ricardo Napurií, la mayoría de esos gobiernos progresistas latinoamericanos no cambiaron la naturaleza del Estado. Las instituciones siguieron como antes, incluso no se cambió la naturaleza de la vía parlamentaria a un sistema de expresión popular a través de mecanismos de manifestación más directa de las mayorías populares. Se dejó la institucionalidad en pie, lo que ha permitido que las fuerzas patronales y del capital, se hayan ido recomponiendo. EEUU está presente tratando de recapturar y recolonizar América Latina. Y que nadie se lleve a engaño, muchos de los gobiernos supuestamente progresistas colaboran con ellos por el bien de la “economía” o mimetizan postura mediante BRIC.

Lo nuevo, lo importante que hay que destacar, es que estos procesos llegan a estos límites porque un actor importante, antes dormido, interviene en la vida política: las masas populares movilizadas. Esos gobiernos progresistas en la mayoría de casos no fueron impulsores de esas masas, las rechazan (incluso combaten a veces) o las “invitan” a que participen, pero les temen cuando estas masas populares van más lejos de lo que ellos podrían permitirse en razón de sus límites políticos e ideológicos.  Entonces, crean una coyuntura en que está la reacción y las masas populares donde pueden peleando entre sí y muchos de los gobiernos que tendrían que ser consecuentes y optar por éstas a través de medidas no lo hacen.

Por eso no acaba de abrirse paso la alternativa en muchos de los considerados gobiernos progresistas y la historia vendrá con su péndulo.

A veces cuando se habla de América latina realmente pienso si se hace realmente de los ejemplos positivos donde extraer enseñanzas o se refiere a otras cosas.

(Continuará)

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